Buscaba con quien bailar

marzo 16, 2020 4 Por admin

Ese estómago encogido y ese vacío en el pecho que te obligaron a ofrecer algo de ti para que te brinden un poco de afecto. Y aparece una y otra vez, la oportunidad de recibir y sentir ese “afecto”, o al menos así decidiste llamarlo durante todos estos años.

Y empiezas a caminar en círculos, empezando una y otra vez diferentes historias, pero todas con esa intención oculta: recibir “afecto”…un día dabas detalles, otro día tu atención, otro tu tiempo y otros hasta a ti misma, queriendo convertir esa historia en una historia feliz, porque mientras más te esforzaras mayores serían las posibilidades de conseguir un final feliz.

Nunca fue así. No, nunca lo fue. Mientras más entregabas…más vacía ibas quedando, y poco a poco fuiste quedando sin detalles, sin atención, sin tiempo, sin energía y sin tu propia esencia. El vacío y una luz de esperanza se sentaron a tu lado, queriendo enseñarte una forma diferente de hacer las cosas, sin embargo, la ira no lo permitió, cuando lo único que necesitabas era un abrazo, que te dijera “tranquila, todo va a estar bien”.

El camino fue largo pero necesario. El vacío y la esperanza siempre te acompañaron, pero difícilmente volteabas a mirarlas, hasta que no quedó más remedio que hacer algo diferente. Una tarde cualquiera te sentaste con ellos a conversar y conocerlos, sin saber que esa ya era una forma distinta.

Hoy luego de varias conversaciones, los conoces bien, al vacío, la esperanza, la ira y muchos otros más que se fueron sumando en el camino. Miras atrás y no sabes en qué momento cambiaste de camino, pero sabes que no estás en el mismo lugar, y también tienes claro que no volverías a ese mismo lugar, porque ahora la frase que te enseñaron fue “el afecto que mereces ya está contigo”.

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