Buscaba con quien bailar

marzo 16, 2020 3 Por admin

Ese estómago encogido y ese vacío en el pecho que te recuerdan “dale algo para que te de su cariño”. Y aparece una y otra vez, la posibilidad de dar algo para sentir ese “cariño”, o al menos así decidiste llamarlo durante 32 años.

Y empiezas a caminar en círculos, empezando una y otra vez diferentes historias, pero todas con esa frase en sombras “dale algo para que te de su cariño” …un día dabas detalles, otro día dabas tu atención, otro tu tiempo, otro tu energía y otros hasta a ti misma, queriendo convertir esa historia en una historia feliz, en base a tus esfuerzos. Porque mientras más te esforzaras mayores probabilidades tendrías de conseguir un final feliz.

Nunca fue así, mientras más entregabas…más vacía ibas quedando, y poco a poco fuiste quedando sin detalles, sin atención, sin tiempo, sin energía y sin tu propia esencia. El dolor, la frustración y la esperanza se sentaron al lado, queriendo enseñarte una forma diferente de hacer las cosas, sin embargo, la ira era tan grande que les gritaste ciegamente “¡no ven que estoy sufriendo, déjenme sola!”, ira que solo buscaba sentir un abrazo y consuelo que te dijera “tranquila, todo va a estar bien”. El dolor, la frustración y la esperanza coincidieron “aún no está lista”, mientras decidías ir por un intento más.

El camino fue largo pero necesario, mientras volvían una y otra vez el dolor, la frustración y la esperanza a sentarse al lado a contemplarte y acompañarte en el proceso. Y cuando sentías que el mundo se estaba acabando, volteaste a mirarlos y recordaste sus palabras “hay una forma diferente de hacer las cosas”. Decidiste renunciar a tu forma de hacerlo y volteaste a mirarlos, ellos siempre presentes, ofreciéndote compañía y el cariño que siempre quisiste tener de manera incondicional. Decidiste sentarte con ellos a conversar y conocerlos, sin saber que esa ya era una forma distinta.

Hoy luego de varias conversaciones, los conoces bien, al dolor, la frustración, la esperanza y muchos otros más que se fueron sumando en el camino. Miras atrás y no sabes en qué momento cambiaste de camino, pero sabes que no estás en el mismo lugar, y también tienes claro que no volverías a ese mismo lugar, porque ahora la frase que te enseñaron el dolor, la frustración y la esperanza fue “el cariño incondicional que mereces ya está contigo”.

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